“Lamentablemente el uso demagógico de la religión en el discurso y las prácticas políticas ha sido recurrente en nuestro medio”
Entrevista a Daniel Vaca Pereira
Por: Verónica Aguilar y Sofía Aloisio
El artículo 4 de la Constitución Política del Estado nos dice que en nuestro país se “… respeta y garantiza la libertad de religión y creencias espirituales de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión”. Esto quiere decir que jurídicamente el Estado boliviano no apoya una religión o credo oficial. Sin embargo, en la práctica la situación cambia y dicha normativa no se aplica, como ejemplo tenemos el Decreto Departamental Nro. 248 que impone la Ley Seca por Corpus Christi y los numerosos feriados obligatorios de naturaleza religiosa católica/cristiana. En todos estos casos se está violentando la constitución. ¿Qué sucede con la población musulmana, budista, atea, etcétera, en estos casos?
El Estado laico debe reconocer, proteger y garantizar la libertad religiosa o de culto junto con el reconocimiento del valor de sus expresiones. Todo esto sin obligar a la población a solventar los gastos que impliquen su mantenimiento y funcionamiento. De igual manera no debe privilegiar a ningún credo por encima de otro.
Frente a este asunto pudimos entrevistar a Daniel Vaca Pereira, licenciado en Comunicación Estratégica y Corporativa, egresado de la UPSA y con un diplomado Internacional en Marketing y Comunicación Política, para conocer su postura y la importancia del Estado Laico.
Como se menciona anteriormente, el Estado laico debe garantizar el ejercicio de las libertades ciudadanas y los derechos humanos en el marco de la democracia. Esto se traduce en una sociedad que garantiza el ejercicio las creencias religiosas de todas las personas siendo éstas obligatorias para nadie más que para quienes decidan seguirlas. Pero, en nuestro contexto político vemos constantemente diferentes actitudes, comentarios e instrumentos religiosos por parte de los políticos, ¿qué te hace sentir eso? ¿es una amenaza?
- En teoría sí, el Estado Laico debería garantizar que ninguna creencia religiosa influya directamente en las políticas públicas, así como la libertad de culto, pero en la práctica hemos visto que no es así. Lamentablemente el uso demagógico de la religión en el discurso y las prácticas políticas ha sido recurrente en nuestro medio, tanto en el Gobierno de Evo Morales, como en el de Jeanine Añez. Ante esta situación, pues me siento indignado. Sobre todo por aquellas personas que lo justifican bajo el criterio de representatividad, aduciendo que gran parte de la población de nuestro país profesa la fe católica. Me parece que esta actitud pone en evidencia algunos rasgos culturales de nuestra sociedad que hay que transformar urgentemente, uno de ellos es la visión romántica del “pueblo” o de “lo popular”. Hasta en aulas universitarias es común escuchar a docentes hablar sobre la “sabiduría del pueblo”, sobre todo en tiempos electorales. A título de ello se legitiman muchas prácticas que atentan contra las libertades individuales y la diversidad, especialmente contra segmentos vulnerables como las mujeres o la población LGTBIQ+, pues lo que caracteriza al enorme bloque popular es el conservadurismo recalcitrante. Otro aspecto que deja en evidencia es la doble moral, pues muchas de las personas que justifican el uso demagógico de la religión por parte de representantes del Estado también censuraron a Evo Morales por saltarse la CPE para buscar nuevamente la reelección presidencial. Al parecer a ellos no les parece anti-ético incumplir con la Constitución en algunas ocasiones.
Todo esto por supuesto que me parece una amenaza, principalmente contra sectores que han sido históricamente discriminados y marginados por las instituciones religiosas, como la población LGBTIQ+ y las mujeres.
¿Es la religión un instrumento de poder en nuestra sociedad? ¿Qué relación tiene o qué papel jugó con la democracia y los eventos del año pasado y este año?
- Sin dudas la religión es instrumento para ejercer el poder y es utilizado en nuestra sociedad, como en todo el mundo. Sin embargo, contrariamente a lo que se piensa usualmente, la eficiencia de este dispositivo de poder no radica en su capacidad represiva, sino en su capacidad normalizadora. Para explicarme mejor citaré algunas ideas de Michel Foucault en su libro Historia de la Sexualidad. Hasta entonces se creía que quien ejercía el poder era un ente externo al resto de las personas que conforman una sociedad y que este representante del poder es quien tenía la facultad de definir lo que se puede hacer (para premiarlo) y lo que no se puede hacer (para castigarlo). Sin embargo, Foucault plantea que el poder tiene un método que es más eficiente: normalizar. De esta manera el individuo no tiene la sensación de estar siendo manipulado por alguien más, sino que actúa en consecuencia a lo que está instalado como normal y además se transforma en un agente del poder en cuánto empieza a ejercer control sobre su entorno para que se mantenga y reproduzca el status quo.
Sobre los acontecimientos socio políticos que vivimos el año pasado, principalmente durante los días de paro ciudadano convocado por los comités cívicos a escala nacional, creo que la religión tuvo un protagonismo grotesco e innecesario. Se intentó justificar la retórica y la simbología religiosa que acompañaron los discursos de los principales opositores a Evo Morales, especialmente los de Luis Fernando Camacho, al considerar la religión como un instrumento válido para alcanzar la tan ansiada cohesión de la oposición. Aunque no hay que olvidar que nada fue casualidad y que lo acontecido puede estar relacionado a la gran escalada de grupos cristianos y conservadores en el escenario político a nivel global.
¿Cómo se puede garantizar la laicidad del Estado en la siguiente gestión presidencial?
- Si a pesar de estar en la CPE no se ha respetado durante todo este tiempo, creo que sería ingenuo pensar que es posible garantizarlo. Lamentablemente nuestro país ha vivido durante años un atropello constante y sistemático al orden constitucional y no creo que esa dinámica vaya a cambiar, sin importar quien asuma la próxima gestión presidencial.
¿Cree que la próxima persona electa para ser presidente o presidenta pueda ser una amenaza para lo que se ha alcanzado en derechos humanos, o eres optimista?
- Pienso que los avances logrados en materia de Derechos Humanos en nuestro país se los ha conseguido a pesar nuestros representantes políticos y no gracias a ellos. Para ello basta con revisar el último libro de María Galindo, titulado “No hay libertad política sin libertad sexual”, en el cual se presenta una investigación rigurosa para demostrar el nivel de homofobia y machismo de la clase política que nos representa en el parlamento. Ninguna fuerza política se salva y a pesar de que algunas de las que están actualmente en la contienda electoral no tenían representación parlamentaria en ese momento, por lo expuesto hasta ahora en sus campañas no pareciera que sus líneas de pensamiento sean diferentes en lo relacionado a la diversidad sexual y a la libertad de las mujeres, por ejemplo.
Por lo tanto, no solamente soy pesimista y pienso que más de un candidato representa una seria amenaza contra los avances de los últimos años en Derechos Humanos, sino que creo que ninguno de ellos garantiza que se vaya a profundizar en ellos. Es por eso que le tocará a la ciudadanía tomar un rol activo y vigilante para defender con uñas y dientes sus derechos y seguir construyendo una sociedad más consciente y justa para todes.

Comentarios
Publicar un comentario