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"Dejar el fast fashion y promover la moda circular, las grandes marcas tendrán que repensarse y adecuarse a las demandas de la gente"


Por: Aloiso Sofia, Azero Rommy, Blajos Camila, Molina Camila, Montenegro Roxana y Zevallos Mayerlin

En esta oportunidad tuvimos el agrado de entrevistar a Flavia Chávez, estudiante de Comunicación Estratégica y Corporativa en la UPSA y propietaria de la tienda “El Escaparate”, un negocio que más allá de ofrecer a la ciudadanía cruceña una alternativa diferente para comprar ropa, resulta ser como su nombre lo dice, un escaparate para las prendas que muchas veces parecen no merecer una segunda oportunidad. Bajo el enfoque del Thrift Shopping, Flavia nos cuenta el impacto que genera su comercio en la sociedad que se encuentra, los procesos de la ropa y cómo lleva la crisis actual de la pandemia.

Sabemos que El Escaparate es un emprendimiento de triple impacto (social, económico y ambiental) que busca restaurar nuestra relación con la moda, ¿cuáles han sido los impactos positivos más destacados que trajo? ¿Nos puedes comentar algunos problemas que logra evitar El Escaparate y sus consumidores? 
-El Escaparate, si bien está recién comenzando, ha tenido una rápida aceptación entre las personas que forman parte de esta comunidad. Por supuesto es un proceso que toma su tiempo y que estamos dejando surgir de manera orgánica, comenzado por nuestros círculos más cercanos, poco a poco expandiéndonos a los contactos de ellxs y así suscesivamente. Lo llamo “comunidad” porque, más que ser un modelo de tienda - cliente, con una relación de intercambio de beneficios, veo a El Escaparate como un intermediario entre personas que quieren deshacerse del exceso de ropa que tienen (con muy poco o nada de uso) y personas que quieren adquirir prendas únicas, en buen estado, a un precio más accesible y contribuyendo a un consumo de moda circular más responsable. De lo que nos encargamos en El Escaparate es de ofrecer el servicio de selección y reacondicionamiento de las prendas, el cual toma tiempo y esfuerzo que la mayoría de la gente no puede destinar a esta actividad. 
Sin duda, aunque aún sea un entorno pequeño, se ha generado una consciencia mayor en el consumo y desecho de prendas de vestir entre nuestrxs conocidxs. Ha pasado poco tiempo desde que comenzamos con esta idea, sin embargo, ya hay personas que me han hablado, por ejemplo, para entregarme prendas que sacan de sus roperos mientras hacen su Marie Kondo de cuarentena. Así también hay personas que, cuando quieren comprar ropa, acuden primero a El Escaparate antes de salir a adquirir algo nuevo en una tienda más costosa; o me hablan para encargarme que consiga ropa para ellxs en algún estilo o talla específicos. 
Es muy lindo ver que hay gente que entiende el impacto que buscamos tener y comienza a seguirnos en las redes sociales o nos felicita por implementar este modelo de venta. Es chocante pensar en la cantidad de ropa que termina siendo desechada en excelente estado solo porque aún se mantiene la mentalidad de las “tendencias de moda”, que cambian con cada temporada del año. A eso, añadirle toda la contaminación que se genera en el proceso de producción, desde los pesticidas en los cultivos de materia prima, el proceso de teñido, producción de material sintético, transporte, etc. Creo que con este emprendimiento, si bien no solucionamos el problema, contribuimos un granito de arena al cambio de los imaginarios en torno al consumo de moda. Considero que la consciencia por el medio ambiente y el consumo más responsable está en crecimiento y confío en que en que gradualmente va a haber un cambio en la mentalidad de más personas, que es el elemento clave para cambiar los procesos. 

¿Cuál es el proceso de las prendas? 
Las fuentes de donde conseguimos las prendas son principalmente mercados, ferias y personas que desechan su ropa. El trabajo que hago yo en ese proceso es ir a buscar y seleccionar la mayor cantidad de prendas que encuentre en buen estado y que considero que hay gente que quisiera comprarlas. Luego llevo toda esa ropa a mi casa, aún es un método bastante casero, lavo cada prenda, las reviso detenidamente para ver si no hay que reparar algo (costurarla, añadirle algún botón, etc.), reparo lo que sea necesario, luego la plancho y la dejo lista para que la siguiente persona que la adquiera pueda usarla. Ese proceso normalmente es lo que las personas intentan evitar porque puede ser tedioso y toma bastante tiempo, El Escaparate busca facilitar eso. Un elemento de nuestras prendas es que podamos conseguirlas a precios bajos para que sigan siendo accesibles al momento de venderlas a sus nuevos dueños. 

¿Cómo surgió la idea para la creación de este emprendimiento? 
El Escaparate inició como un proyecto para una materia de emprendimiento en la universidad. Al comienzo éramos cuatro compañerxs quienes lo desarrollamos. Creo que surgió desde una perspectiva personal por la frustración que genera para nosotros, los estudiantes, el querer comprar nuevas prendas de vestir pero tener que invertir entre 30 y 70 dólares por una sola prenda en cualquier centro comercial, montos muy elevados para personas que, en su mayoría, aún no generan ingresos fijos. Una prenda que duraría poco tiempo porque luego pasa de moda o porque la calidad no es buena. 
Pensamos que sería un emprendimiento bien recibido entre jóvenes y estudiantes. Invertimos algo de capital y compramos las primeras prendas, que logramos vender a través de nuestra página de Instagram, entre nuestros conocidos y en pequeñas ferias de emprendimientos. Luego, al finalizar el semestre, analizamos si íbamos a mantener el emprendimiento y mis tres compañerxs no iban a poder porque se dedicaban a otras cosas. Entonces quedó en mis manos y decidí continuar con El Escaparate, ahora lo hago con ayuda de dos personas de mi familia. 

¿Cómo se adaptó la cultura cruceña a la idea del Thrift Shop? 
Este aspecto es el que más me interesa en cuanto al impacto de El Escaparate y el formato de “thrift shopping” o tienda de segunda mano. Creo que Santa Cruz es una sociedad muy aspiracional que otorga gran valor a las grandes marcas, sobre todo extranjeras, con altos precios, que se puedan ostentar demostrando el poder adquisitivo. Sin embargo, es muy refrescante ver que ya hay personas que piensan de manera más sensata y se dan cuenta de que es posible vestir expresando su identidad y su estilo sin tener que depender de una marca, un logo o una tendencia. Es un modelo con grandes ventajas. Tanto desde el punto de vista práctico, fijándose en lo económico, como también desde la causa de responsabilidad y conciencia con el medio ambiente, que creo que es de gran interés para las generaciones más jóvenes. Será interesante llegar al punto en que se desmitifique el uso de ropa de segunda mano en Santa Cruz, hasta ahora es algo tabú en algunos sectores de la población.



Desde tu experiencia y teniendo en cuenta algunas de las iniciativas que han tenido varias marcas referentes en el rubro de la moda, después de la pandemia, ¿cuáles crees que sean algunos cambios que se vienen en la industria de la moda? ¿Hay alguna iniciativa que viste en esta cuarentena de alguna marca de ropa que te gustaría comentar?
Me encanta que grandes referentes de la moda como Gucci, a través de Alessandro Michele, su director creativo, hayan optado por eliminar sus desfiles “por temporada” y decidan realizar solamente dos en vez de cinco desfiles al año. Sin dudas, estas instituciones son influyentes en el imaginario que todos manejamos de moda y tendencias, y el hecho de que apuesten por eliminar la perspectiva de “temporada” para crear ropa con un diseño atemporal y una vida útil más larga, generará a la larga un impacto en el modo que tenemos de percibir la industria de la moda. Es clave que no solo los individuos asumamos nuestra responsabilidad personal, sino que las organizaciones, tanto privadas como públicas, optimicen sus procesos en favor del medio ambiente y aprovechen su alcance para promover estos cambios positivos en la mentalidad de la gente. 
Además, hoy en día hay mayor control y exigencia por parte de los clientes hacia las marcas en materia de responsabilidad social y ambiental, por lo cual ya vemos que grandes marcas de fast fashion como H&M o Zara han comenzado a abrir tiendas para vender ropa de temporadas pasadas en vez de desecharla.
A mi parecer, la pandemia va a generar un cambio muy fuerte en nuestra percepción de lo que es esencial y valioso para la vida, influyendo en la demanda de la gente. Creo que las marcas también tendrán que adecuarse a ello tanto en sus productos y servicios como en sus modelos de negocio y distribución. 

¿El Escaparate pudo continuar con ventas en esta cuarentena?
Estuvimos parados en cuanto a entregas porque no contamos con servicio de delivery por ahora. Tampoco hemos podido mover nuestro stock porque se nos ha cortado el suministro de prendas de segunda mano por cierre de mercados y ferias. Sin embargo, como trabajamos a través de Instagram, las personas interesadas nos siguen escribiendo para reservar prendas de las que tenemos disponibles y las vamos guardando para su entrega cuando tengamos la posibilidad de hacerlo. 

¿Crees que, en un futuro cercano, Santa Cruz o Bolivia entera, empezará a tomar conciencia del impacto negativo de la industria de la moda y empezará a producir ropa de estilo sostenible creando una vida ética? ¿Crees que a las futuras generaciones les importa más este tema?
¡Sin dudas! Cada día es más difícil mantenerse al margen o intentar no ver el impacto negativo que tiene la especie humana sobre el planeta. Se está generando poco a poco mayor conciencia al respecto y en Bolivia también es así. Vemos que ya hay más emprendimientos eco-friendly o con modelo circular, e individuos que adoptan políticas personales en cuando a su consumo de moda, alimentación, cuidado personal, etc. A mi parecer esto es clave porque, mientras más personas decidan hacer un cambio, mayor presión se ejercerá sobre las marcas para que mejoren sus procesos y sus productos en favor del medio ambiente. Si todos decidiéramos dejar de consumir fast fashion y promover la moda circular, las grandes marcas tendrían que repensarse y adecuarse a las demandas de la gente. 
Creo que a las generaciones más jóvenes nos interesa más la causa medioambiental por dos aspectos: uno, porque estamos más interconectados con el resto del mundo y tenemos acceso a ver lo que está sucediendo en otros lugares, tanto la contaminación y daño al medio ambiente como las medidas que se toman en otros países al respecto. Y segundo, porque es el mundo que nos va a tocar para vivir en los años que nos quedan y es muy preocupante ver cómo lo estamos tirando abajo tan rápido. Incluso desde un punto de vista egoísta sería lógico adherirse a esta causa: ahora no es solo “el mundo que vamos a dejar para nuestros hijos”, es el mundo que nos toca a nosotros.  

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