Por Rommy Azero y Camila Molina Vargas
En esta etapa de pandemia son miles los comentarios, artículos y noticias que hablan respecto a la alimentación, ¿tendremos una crisis alimentaria por el Covid 19? ¿y qué hay de los productos transgénicos en Bolivia? son estas algunas de las muchas incertidumbres que preocupan a los bolivianos y en general al mundo entero.
Es por eso que Emilio García Apaza (Doctor en ciencias en la Universidad de Alicante España, con especialidad de Gestión de Ecosistema y la Diversidad Biológica, ingeniero agrónomo en la universidad de San Andrés, entre muchos otros títulos y proyectos) nos explica una perspectiva de la situación al respecto.
García señala que lo primero que debemos cuestionarnos es “¿Cómo vamos a sustentar nuestro desarrollo?” - De una manera sostenible, equitativa, sostenible y viable, respetar la madre tierra, respetar a las personas. La cuestión es: seguir con jugos naturales o los artificiales; esto es un estilo de vida. “Nosotros debemos decidir cómo queremos alimentarnos”.
Una ecuación inviable
Respeto a la preocupación de la crisis alimentaria, si sumamos: Capital +trabajo+ bienes naturales a través de la producción obtenemos los bienes y servicio. Lo que actualmente está paralizado es el capital, todo lo que es maquinarias, herramientas, fuerza de trabajo, el transporte. Los sectores que están siendo afectado son los primarios y secundarios ya que están estancados. Eso es lo que estamos viviendo. Un estancamiento parcial.
Ahora, hablando de los transgénicos, las oleaginosas industriales(es decir aceites y grasas de sustancias animales, vegetales y otros residuos creados en industrias) han incrementado de gran manera los últimos años. Desde 2001 al 2017 hablando de superficie hay un incremento de 150% de incremento de los agroquímicos.
Asimetría en la normativa…
La disputa es la producción de alimentos versus la conservación de ecosistemas; el crecimiento de la población es mayor que el crecimiento de recursos aquí es donde aparece un punto de inflexión, de crisis, esto sucede desde 2015. El desequilibrio de las funciones ambientales lo podemos comprobar en la Ley 300 de la Madre Tierra y desarrollo integral para vivir bien, podemos ver cómo se contradijo y fue ignorada con la soya transgénica que fue aumentando tanto hasta desaparecer la producción tradicional de este cultivo.
En los países donde se producen organismos genéticamente modificados, en el 99% de la superficie hay soya, algodón, trigo y maíz; teniendo al 91.3% de la superficie total cultivada con transgénicos en 5 países. En Bolivia, a partir de la legalización de la soya transgénica en 2005, ha habido un incremento de la producción de los alimentos GM (genéticamente modificados) llegando a pronunciarse investigaciones que sustentan el beneficio de estos mismos. Sin embargo se pueden demostrar casos de muchos cultivos como la remolacha o la granola en los cuales, pasa lo contrario y que demuestran la reducción de proteínas como pasa en Brasil actualmente.
Te habías puesto a pensar en esto…?
- Es necesario mencionar que estos comportamientos no solamente han traído problemas económicos si no también sociales. “Estos emprendedores/agro empresarios están endeudados por el uso de estos elementos, a partir de estos usos se han generado gran cantidad de problemas con aquellas empresas que monopolizan estas actividades”.
Las investigaciones terminan confundiéndonos más.
Otro enfoque que se da es respecto a la resistencia y cualidades de los transgénicos. Por ejemplo, se ha probado que hay muchos que no son capaces a resistir las sequias mediante cultivos demostrados. Hay entidades como la Agencia de Protección del Medio Ambiente y la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer que han podido hacer investigaciones continuas pero que se contradicen, por un lado indican que todo es positivo y por otro lo contario.
Hablando de efectos de genotixicos como el glifosfato que afecta el proceso de embarazo o el glufosinato que genera efectos tóxicos en las relaciones socio ecológicas como la muerte de abejas en los espacios de cultivos.
El decreto de hoy
En el decreto 4232 se han determinado condiciones que no tienen mucha relación. En la introducción habla del Covid-19, evaden (11) normativas entre las que hay leyes, artículos y decretos supremos, generan un procedimiento de devaluación del patrimonio genético, sin sustento científico ni informativo. En la disposición acelera el proceso de alimentos en 10 días lo cual es insuficiente para la bioseguridad.
Las propuestas de García:
Deberían generarse leyes, una que protección a las semillas nativas, normativas que exhorten el etiquetado de los productos con la información respectiva sobre el origen de los alimentos, la producción sostenible incluyendo el uso de tecnologías dependiendo la zona a la zona que se encuentren.
En conclusión, el experto demuestra que los productos transgénicos aumentan cada vez más su producción por la necesidad de una población creciente y que una alimentación sana depende de nosotros. ¿Queremos algo natural? O nos rendiremos ante los transgénicos que se expanden tanto y que pronto serán, aquí en Bolivia, el sinónimo de algo normal y común como en el resto de los países del mundo.
Muy interesante. Ademas los agro GMO usualmente son monocultivos, si no me equivoco, lo cual tiene un gran impacto en el ecosistema que debe ser considerado. En mi opinión es como usar plástico, rápido, conveniente y barato, pero no es bueno.
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